Segundo semestre en estado de alerta

El segundo semestre del año, a punto de iniciarse, tiene rasgos peculiares que imponen a los agentes económicos la necesidad de una atención sobre la coyuntura mayor a la habitual.

La política económica del Gobierno estaba orientada, desde fines del año pasado, a sostener el tipo de cambio, como eje central de estabilidad, y dejar a un lado el resto de los desequilibrios macroeconómicos, sin preocuparse demasiado por su magnitud. Esta perspectiva encajaba en un esquema en que el oficialismo veía pocas posibilidades de un triunfo en las próximas elecciones presidenciales y trasladaba al próximo Gobierno la resolución de esos desbalances. Pero este panorama cambió sustantivamente. La Presidenta ha avalado un candidato y las encuestas señalan que el mismo tiene grandes posibilidades de convertirse en el próximo Presidente de la Nación.

Este giro en la situación política no puede ser acompañado a la misma velocidad por cambios en la política económica y se plantea el dilema de que la gestión que eventualmente quedaría comprometida podría ser la del candidato oficialista, fuertemente respaldado en los últimos días por todas las corrientes internas del Gobierno. Ahora bien, la economía se está moviendo por la inercia de la perspectiva anterior a estos hechos políticos y, por ende, los desequilibrios se multiplican. El déficit fiscal crece exponencialmente y el comercio exterior, con un saldo magro, amenaza la estabilidad del tipo de cambio.

En ese contexto, comienza un segundo semestre en el cual parecería que la masa del ingreso disponible en sectores consumo-intensivos crecería sustancialmente a partir de los aumentos salariales en los sectores privado y público, en jubilaciones y pensiones y, en menor medida, en la Asignación Universal por Hijo.

Según nuestros cálculos, el efecto agregado sobre el consumo podría ascender a unos $175.000 millones y representa globalmente alrededor del 9% adicional respecto de los niveles base previos para el segundo semestre del año. El impacto sobre el consumo sería creciente a partir del 2,3% este mes hasta alcanzar 15,3% en diciembre cuando todos los aumentos previstos estén en vigencia y extendidos progresivamente a toda la población de referencia. Desde otro punto de vista, de estos $175.000 millones, $73.454 millones (42%) serán financiados con fondos del Estado (empleados públicos, jubilaciones y pensiones y Asignación Universal por Hijo).

La perspectiva positiva de este impulso al consumo sobre el nivel de actividad económica tiene como contrapartida la gran fragilidad en el sector externo de la economía (reducido saldo comercial y muy limitado acceso al mercado financiero internacional), que se combina con una enorme expansión monetaria para financiar el déficit fiscal. El gran interrogante es, por consiguiente, si predominará esta tendencia “virtuosa” o una parte importante de esta corriente de ingresos terminará presionando al mercado cambiario.

FUENTE EL ECONOMISTA