«Reservas van a ir bajando; el proceso no es sostenible»

El economista Pablo Guidotti se mostró muy cauto sobre las perspectivas de la economía. Y también sobre la crisis europea. «Hay una carrera entre la desconfianza del mercado y cuánto tarda este proceso político de convergencia hacia instituciones más europeas», dice sobre la crisis en el Viejo Continente. Defiende las últimas medidas de Mario Draghi, titular del BCE. Trabajaron juntos en el G-22 (precursor del Grupo de los 20 que hoy incluye a la Argentina como miembro) cuando Guidotti era el secretario de Hacienda de Roque Fernández, y Draghi se desempeñaba en el Tesoro italiano. Es más contundente cuando habla de aspectos domésticos. «La actividad económica va a seguir mal, cayendo. La dinámica de la apreciación real del tipo de cambio oficial afecta a los sectores industriales y eso va a ir en aumento» advierte.

Periodista: Da la sensación de que en Europa apareció Mario Draghi (titular del Banco Central Europeo) y logró que las expectativas se reviertan. Ya no se anima tanto el mercado a apostar en contra del euro…

Pablo Guidotti: Draghi es una persona extremadamente profesional y es muy bueno que esté como presidente del BCE en este momento. Aun así, Europa tiene un sendero muy largo y complicado. Por un lado, sus niveles de endeudamiento son muy altos, pero especialmente en los países que sufrieron un ataque de mercado. Las tasas de interés están en niveles del 6 o 7%. No puede pensarse que es sostenible mantenerse con deudas cercanas o superiores al 100% del producto. Eventualmente los ajustes fiscales que van a necesitar son bastante más grandes. Pero obviamente en un momento de recesión, el ajuste fiscal puede complicar aún más la situación. Por eso es importante que instituciones europeas provean una ayuda durante una transición y la capacidad y las reglas de decisión se desplacen de las economías nacionales hacia la eurozona. Políticamente, esto es un proceso que llevará mucho tiempo. Hay una carrera entre la desconfianza del mercado y cuánto tarda este proceso político de convergencia hacia instituciones más europeas.

P.: ¿No debería el euro caer más contra el resto de las monedas? ¿No es impensable que Europa salga de la crisis con un euro a 1,25 contra el dólar?

P.G.: Teniendo en cuenta el rol relativo que tiene que jugar la política fiscal y monetaria, la última debe tener un rol mucho más activo. A Europa le favorecería mucho que se debilite el euro y que vuelva más cerca de la paridad con el dólar. Si se planteaba esto hace un año, cuando todavía la economía norteamericana estaba más débil, a EE.UU. le hubiera puesto muy nervioso que Europa tratara de salir de la situación con un debilitamiento de su moneda. Pero esto va a ser más posible en el futuro. De todas maneras, coincido con Draghi en que hay una gran demanda de acciones como intervención en el mercado de bonos, pero que el BCE no puede excederse de los estatutos. Draghi trató de dar este mensaje, de que sería bueno, pero que al mismo tiempo, mientras no se reformen las instituciones, no va a utilizar el BCE de forma discrecional por afuera del marco institucional.

P.: En la Argentina se culpa a la crisis externa como causante principal del freno de la economía…

P.G.: El principal componente es local. Internacionalmente, el impacto de los eventos externos es muy diferente al de 2009. Ese año se tradujo en un fuerte apretón en los movimientos de capitales hacia las economías emergentes y una fuerte caída en el financiamiento de las líneas comerciales. Eso ocurrió en toda América Latina y tomó por sorpresa a los mercados. Lo que ocurre ahora es completamente diferente. No hay una caída de flujo de capitales hacia los emergentes ni de flujos de financiamiento comercial. Por lo tanto, es imposible comparar ambas situaciones. El único impacto externo que ha tenido la Argentina es la desaceleración en Brasil. Pero los principales factores que juegan hoy son locales. Todo el marco de restricciones cambiarias, al comercio, de nacionalización que afectan el clima de inversión. También afectan las restricciones a las remesas de dividendos y pago de utilidades. Generan una parálisis en la inversión. Se suma a que la apreciación del tipo de cambio está afectando mucho a los sectores que no tienen un beneficio en cuanto a mejora en los términos de intercambio, por ejemplo, la industria.

P.: La emisión de pesos está creciendo al ritmo del 35% anual. ¿La brecha entre los dólares oficial y «blue» tenderá a ampliarse inevitablemente?

P.G.: Una situación complicada es que dado que la Argentina no tiene acceso al mercado de capitales, el Estado recurre cada vez más al financiamiento monetario del Banco Central. Esto, por más que haya controles de cambio, se refleja en desequilibrios como la brecha en el tipo de cambio paralelo y oficial, que progresivamente está volviéndose más importante para varios sectores y no tiene perspectiva de mejora en el corto plazo. Del lado positivo se puede esperar que el año próximo haya un buen año en exportaciones del sector primario y al mismo tiempo el año próximo no es un año de grandes vencimientos de deuda, entonces genera oportunidad para disminuir la emisión monetaria. Pero no es fácil predecir cómo esta situación va a ser utilizada por el Gobierno ya que el año próximo es un año electoral. Si se aprovecha para aumentar más el gasto, la situación empeorará.

P.: Por la gran cantidad de factores en juego, es imposible predecir qué va a pasar en 2013…

P.G.: La actividad económica va a seguir mal, cayendo. La dinámica de la apreciación real del tipo de cambio oficial afecta a los sectores industriales, y eso va a ir en aumento. No parece que vaya a haber mejoras en cuanto al clima de inversión. Hay sectores como el energético donde se necesita claramente inversión y por más de que se dieron señales como el aumento del precio del gas, el resto son señales negativas. Para un inversor externo, poner un dólar en la Argentina significa que estará complicado sacarlo por lo menos por los próximos tres años. Lo que es difícil de pronosticar es el tipo de medidas que pueden surgir de un Gobierno que no tiene un plan, sino que reacciona de manera impulsiva frente a cada problema específico sin tener en cuenta la conexión entre las acciones.

P.: Hubo algunas señales oficiales que mostrarían que preocupa al Gobierno el déficit fiscal…

P.G.: Pero no se hizo mucho. Se inició en una dirección y luego se volvió atrás. En la medida en que el Estado reaccione con más controles y más impuestos, y más restricciones al comercio exterior, la literatura económica tiene una evidencia importante a favor de que se va a deteriorar la tasa de crecimiento.

P.: La inflación es un problema de oferta para el BCRA. ¿Qué diferencia hay con otros procesos inflacionarios?

P.G.: Hay una frase famosa de Milton Friedman: la inflación es siempre un fenómeno monetario. Esto surge del hecho que siempre el nivel de precios, o sea el precio relativo entre la moneda y los bienes, depende de las condiciones de oferta y demanda de dinero. También es cierto que puede haber cambio de precios relativos que contribuyan a observar algo parecido a la inflación y, por ejemplo, en la primera parte de la década había aumentos de precios de alimentos, de commodities o energía, que generaban una inflación importada que no necesariamente era producto de una política doméstica. Al mismo tiempo, si la economía se estaba recuperando y la demanda aumentaba, se generaba un aumento del nivel de precios de los bienes no transables. Hoy en día, la situación es distinta. Hoy hay un desequilibrio monetario, un banco central que emite dinero para financiar al Estado. Si no hubiese controles de capitales, básicamente el Estado se encontraría inmediatamente frente a la disyuntiva de perder muchas reservas o de devaluar. Con los controles, se reduce la presión en el corto plazo, pero no desaparece. Se transforma en un proceso más lento. Hoy la Argentina es el único país en América Latina que está perdiendo reservas internacionales.

P.: Pero la caída de reservas se debe también a que cancelan deuda.

P.G.: La realidad es que es el único país que a pesar de tener términos de intercambio recontrafavorables, pierde reservas. Una de las formas de verlo es que hay un exceso de creación de dinero doméstico que se está yendo por donde puede. Y el Gobierno, de forma reactiva, está tratando de tapar agujeros. El agujero de la cuenta capital con controles cambiarios después descubre que se deteriora la cuenta corriente. Ahí pone controles a las importaciones. Pero el desequilibrio fundamental es monetario.

P.: ¿No vislumbra paradójicamente una faceta ortodoxa en el sentido del odio oficial al endeudamiento?

P.G.: Es parte de un relato. Durante el Gobierno de Néstor Kirchner, el Estado empezó a emitir deuda. Los Boden 2015 fueron emitidos durante el Gobierno de Kirchner. Lo que ocurre ahora es que la Argentina no tiene acceso al mercado de capitales porque, además de los problemas de confianza, los procesos legales en Nueva York han ido avanzando y complicando una posible emisión de deuda. Y dado que las reservas están bajando, hoy arreglar con el Club de París es cada vez más complicado. Por eso creo que el desendeudamiento es lo que hay, no es una decisión política.

P.: Pero cuando el Gobierno podía endeudarse al 9% en dólares, lo que ahora es una quimera, no aceptaron la oferta de bancos.

P.G.: Yo no tengo problema en que se vea a la política de administración de activos y pasivos en forma conjunta. Yo durante mucho tiempo abogué para que los países tuvieran alta liquidez externa para momentos en que podía ser muy costoso o tener cortes en el financiamiento externo. Pero la situación de la Argentina hoy no es que enfrenta un problema de financiamiento transitorio. Tiene un problema más complejo porque está fuera del mercado de capitales. Por eso la decisión de utilizar reservas. La Argentina tiene reservas para pagar los vencimientos de este año, del que viene. Pero ese nivel de reservas va a ir bajando y a pesar de que se mantengan estos controles férreos, es un proceso no sostenible. Este conjunto de controles cambiarios deteriora la inversión y la actividad económica. La Argentina enfrentará presiones para devaluar más rápido. El desendeudamiento no es hoy una política, es simplemente una realidad, porque somos un país que perdió el acceso al crédito que tuvo en el Gobierno de Néstor kirchner y no se preocupó por restablecerlo.

P.: ¿No le parece que la probabilidad de un default argentino medido por el riesgo-país o por los CDS (seguros contra default) es elevada en función de los datos de endeudamiento público?

P.G.: Es altísima. No refleja la probabilidad de default. Es excesiva. Pero la prima de riesgo que la Argentina está pagando es tan alta que tiene que ser vista como el costo que estamos pagando por un proceso tremendamente desordenado de incumplimiento y de resolución de sus problemas desde 2002. Cuando hay muchos economistas que elogian la estrategia argentina de cómo negocio el default, creo que lo que muestra lo mala que fue esa estrategia es la permanencia de niveles de riesgo que son más de 10 veces superiores a Brasil cuando ambos, junto a México, pagaban las mismas tasas que la Argentina por el año 97.

P.: Hay temores adicionales como la pesificación del pago de bonos que se percibe en la diferencia de rendimiento del Global 2017 (legislación internacional) y el Bonar 10 (legislación local). ¿No es también elevado ese temor a la luz de los menores vencimientos de deuda en dólares hasta 2015?

P.G.: Es el riesgo de pacificación y del sistema legal judicial argentino versus el de un tribunal externo. Es notable porque la historia muestra que en general el país trató mejor al bono emitido bajo ley doméstica que a los de ley extranjera, y sin embargo tienen rendimiento más bajo. Es la sensación de una inestabilidad jurídica, de que no hay un tribunal adonde ir a reclamar por tus derechos.

P.: ¿Qué variables hay que seguir de cerca?

P.G.: Las reservas internacionales, la actividad económica y la inversión. Si la Argentina no logra revertir el estado recesivo y retomar el crecimiento, creo que va a empezar a afectar a mucha gente que votó a este Gobierno.

Entrevista de Guillermo Laborda

FUENTE AMBITO FINANCIERO