Ni viento de cola, ni de frente: la economía gesta su propio huracán para 2016

El mundo cambió, pero no tanto. El viento de cola ya no empuja a la economía argentina, pero está lejos de ser un viento de frente el escenario por delante. Los mayores condicionamientos a futuro, y para quien suceda a Axel Kicillof en el Ministerio de Economía, serán los desajustes internos que acarrean la macro y la micro locales. Lo que más determinará cómo sigue la economía argentina en un período de recambio presidencial es el riesgo de un huracán gestado en nuestras propias aguas.

Para que se produzca un huracán deben confluir al menos tres factores: que la temperatura del agua sea superior a 28 ºC , que la evaporación del agua genere un centro de baja presión y que los vientos alisios aporten aire frío en las capas altas de la atmósfera. Una combinación que en la economía local podrían imitar la inflación en torno al 25% anual, la evaporación de los precios de la soja y la baja de la temperatura que genera el dólar planchado.
La inflación puede ser la temperatura, el déficit fiscal genera el centro de baja presión y las co-mmodities en baja los vientos alisios en un escenario que puede desembocar en huracán.

El último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con perspectivas económicas sostiene que la región se enfrenta a un período de «crecimiento relativamente lento», con una tasa de expansión de sólo 2,7% entre 2015 y 2017. El organismo considera que el cambio de escenario es consecuencia de la caída del precio de las commodities agrícolas y energéticas, y la desacelaración de China.

El escenario del BID marca que es especialmente compleja para los países exportadores de commoditties agrícolas y energéticas, y lo cierto es que la Argentina es un fuerte exportador de granos pero también un importantísimo importador de combustibles. El resultado de la baja de los precios es, por lo tanto, neutro para el país.

El experto en economía internacional Luis Palma Cané no coincide con el BID. «La economía mundial es positiva, los EE.UU. crecerá entre 2,5 y 3% y el año que viene un poco más, el desempleo está en baja y la tasa de interés no subirá hasta fin de año y lo hará en forma pausada y gradual. Europa está saliendo de la recesión y este año volverá a crecer. La preocupación sobre China es que crece al 7%. Las economías desarrolladas van a seguir con baja tasa de interés, por lo tanto crecerán más y habrá liquidez, el capítulo financiero a nivel mundial es positivo».

Además, la idea de que los precios de las commodities en baja es una mala noticia también puede contradecirse. «El problema es que la soja con el dólar fuerte va a tender a la baja y se va a quedar entre u$s 300 y 350, pero el efecto sobre la economía argentina lo compensa la baja del petróleo que aliviará en unos u$s 2.000 millones el déficit energético», añade Palma Cané.

Marina Dal Poggetto, socia del estudio Bein, coincide en el diagnóstico. «Si bien el próximo gobierno tendrá un escenario peor que el de la última década, el contexto sigue siendo mejor que el del 2001. La fortaleza del dólar y la devaluación del resto de la región, con un país con dólar anclado para contener la inflación, supone una pérdida de competitividad».

Nada es gratis

Los analistas coinciden en que las soluciones están disponibles y hay herramientas al alcance de la mano, pero habrá que ejecutarlas para que los dólares lleguen y todas tienen consecuencias. «Para que ingresen los dólares habrá que dar rentabilidad y eso requerirá corregir precios relativos, por lo que habrá que trabajar sobre subsidios y tarifas», dice Dal Poggetto.

«La desventaja de la Argentina en materia de competitividad a nivel internacional es elocuente: el costo de concretar una exportación en nuestro país es de u$s 1.770 por contenedor, casi 40% más que el promedio regional y más del doble que en China», grafica en un informe de su consultora abeceb.com el economista Dante Sica.

«El mundo será tibio, parecido o peor al actual, pero los problemas de la Argentina son nuestros y no del mundo. La inflación, la macro desordenada y el sector externo desordenado, son todos problemas que no tienen otros países», dice el economista Ricardo Delgado, unos de los referentes en la materia del Frente Renovador.
Las exportaciones son una muestra de que el dilema está puertas adentro. En el mismo período en el que el dólar se apreció casi 9% contra el real y sólo el 1% frente al peso argentino, las exportaciones locales cayeron 12% mientras que las de Brasil retrocedieron un 7%. Aunque el equipo económico argentino enumera los males que nos acarrea la recesión y la crisis de Brasil, los números del país son bastante peores que los del principal socio comercial del Mercosur.

«El principal problema es ordenar la macro, atacar la inflación para que en un año y medio esté cerca de un dígito y se ordenen todas las expectativas y las negociaciones de contratos», prioriza Delgado. «La herencia de la apreciación es compleja pero se puede ordenar a partir de atacar la inflación», sostiene el economista que trabaja con el candidato presidencial Sergio Massa.

Marina dal Poggetto, socia de Miguel Bein, el referente económico de Daniel Scioli, coincide. Sin embargo, remarca que será central que el próximo gobierno consiga un gran acuerdo social y político para corregir el tipo de cambio y que no se traslade esa corrección a inflación. «Hay que conseguir un compromiso de todos los actores para que los salarios no se lleven la corrección en un día», dice Dal Poggetto.

Delgado sostiene que «si mejora la inflación, se mejora la rentabilidad y la soja en el precio actual es mejor que en 2001».

Es cierto, Marcelo Comisso, jefe de Research de Rofex, lo pone en cifras. Con el dólar en $ 8 y el precio de la soja de 2014, un productor recibía por una tonelada valuada en u$s 450 unos $ 2.340 luego de descontar las retenciones. Con el dólar y el precio de la soja de 2015, un productor recibe por una tonelada de soja estimada en u$s 350 y el tipo de cambio en $ 8,8 pesos, $ 2.002. Es decir, un año después, con mayores costos en pesos producto de la inflación, un productor de soja recibe 17% menos de ingresos.

Con la mira en la Argentina

El interés de inversores en el país, a pesar de un contexto internacional más complejo, también sigue vigente. La posibilidad de que lleguen dólares aumenta de cara al cambio de gestión.

Los candidatos con más chances -Scioli, Macri y Massa- son percibidos como más amigables por el mercado, el dilema es que hasta que no se ajusten los desequilibrios que arrastra la economía no habrá desembolsos.
«Los precios de las commodities agrícolas bajaron y no volverán a subir, plata fácil para gastar no habrá, pero existe interés para aumentar la producción de alimentos y de energía. Estos dos sectores son estratégicos y generan interés para las grandes empresas del mundo siempre», asegura Orlando Ferreres.

«Hay grandes inversiones pendientes que se desembolsarán en cuanto se muestren condiciones atractivas», dice el economista.

¿Pero cuáles son esas condiciones? La primera, seguro, es la eliminación del cepo al dólar. «Nadie invertirá en el país si no puede girar los dividendos que gana al exterior», repite Palma Cané. El problema es que la apertura del cepo gradual o por efecto shock, afectará al tipo de cambio.

«El desvío del tipo de cambio es el mayor viento de frente porque no es posible repetir el modelo del 2002, en el que se usó como amortiguador de la inflación el congelamiento de los servicios públicos. Por el contrario, para normalizar las cosas hay que eliminar los subsidios y aumentar los precios en dólares, lo que alimenta una bola de nieve en la que los salarios bajarían en dólares y los precios aumentarían», destaca Ferreres.

El propio Axel Kicillof dio una pauta de la competitividad que necesita la Argentina, en el actual contexto mundial. El ministro dijo después de la devaluación de enero del 2014 que el dólar de $ 8 era equilibrado. Si se ajusta ese tipo de cambio por la inflación acumulada según el IPC del Congreso, el tipo de cambio hoy debería rondar los $ 11.

Pero si lo que se pretende es recuperar un nivel de competitividad como el que tenía la economía argentina en 2007, antes de que se disparara la inflación, con superávit fiscal y comercial, el dólar debería estar en torno a los $ 15, si se ajusta el valor de ese año por la inflación acumulada.

Para Dal Poggetto, hay modo de evitar la devaluación para ser competitivo en este nuevo contexto. La eliminación de las retenciones a las economías regionales y la baja a las que se aplican a la soja podría ser una solución intermedia, para generar en el corto plazo rentabilidad en los sectores que generan divisas genuinas. La alternativa es el ingreso de dólares por la vuelta del país al mercado de crédito.

«Utilizar la vía cambiaria para generar competitividad tiene el riesgo de disparar la inflación, como pasó el año pasado, en cambio la vía fiscal es más razonable. Hoy no hay ni sobreprecio de la soja ni dólar alto en la Argentina, por lo que las retenciones no se justifican», marca.

FUENTE CRONISTA