El peligro de las expectativas de devaluación 2016: el caso Di Tella

El mentado efecto 10-D ha traído un clima muy benevolente para el mercado local. Los bonos soberanos y las acciones locales han subido casi sin parar en los últimos meses; y en particular desde el caso Nisman. Al decir del economista Rodolfo Santangelo, «es como si Nisman trajo el futuro para acá. Es decir que precipitó el ánimo de que finalmente termina un ciclo y viene algo mejor, más afín al gusto de los inversores. Vale destacar que en lo que va del año el riesgo-país retrocedió a menos de 560 puntos, acumula una baja del 22%. Lo que refleja la bonanza que vive la deuda argentina.

Sin embargo, la expectativa de cambio de Gobierno con lo que ello lleva aparejado puede significar la aparición de un cisne negro que provoque turbulencias en el mercado, principalmente, en el cambiario.

En 1989 Carlos Menem tenía in péctore para ser viceministro de Economía, como segundo de Miguel Roig, a Guido Di Tella, pero una desafortunada declaración del entonces diputado durante un viaje a EE.UU. acerca de que la economía del país necesitaba un dólar «recontraalto» conspiró contra sus chances (finalmente fue designado embajador en Washington). Pero esas afirmaciones de un referente de la próxima administración fue la bala de plata que sepultó al Plan Primavera II con una corrida cambiaria, con su consiguiente efecto inflacionario y terminó detonando la entrega anticipada del poder (más allá de otras declaraciones de Domingo Cavallo).

En la actualidad, el celebrado 10-D parte de la base de que el nuevo Gobierno, según han declarado varios referentes de los equipos económicos de los principales candidatos, considera un hecho la unificación cambiaria como una de las medidas básicas que implementarán al asumir.

La caja de dólares del Gobierno dista mucho de una situación holgada. Es más, uno de los objetivos planteados por el Palacio de Hacienda para llegar a las elecciones sin mayores sobresaltos es tener la menor pérdida de reservas posible.

Pero si los exportadores, sobre todo los vinculados al complejo oleaginoso, perciben como una realidad la unificación cambiaria, pueden ser desalentados a liquidar y así aguardar al advenimiento del próximo Gobierno y cobrar con un tipo de cambio más cercano al «blue». O sea, que se sienten sobre los silobolsa, en un año que pese al impacto de las lluvias e inundaciones, promete tener una buena cosecha (ver pág. 7). De modo que si algún referente económico del probable ganador anticipara, por ejemplo, cómo será la unificación del mercado de cambios, de más está decir que la transición se podrá complicar para el actual Gobierno en pos de llegar al 10 de diciembre. Es que 2015 muestra un deterioro del balance cambiario debido al menor saldo comercial (por baja de precios y caída de exportaciones; levemente compensado por menores importaciones energéticas y recesión), a un probable aumento de la demanda para atesoramiento (dólar «ahorro») y para turismo. Todo esto puede traducirse en un salto obligado del tipo de cambio oficial y/o imponerle un techo al dólar «blue» antes de fin de año.

De acuerdo con una simulación elaborada por el Estudio Broda, el productor que optaría por esperar hasta 2016 después del cambio de Gobierno para vender sus granos (en este caso, de soja) ganaría cerca de un 29% (bajo un tipo de cambio unificado estimado en $ 11).

Claro que también hay que contemplar otros riesgos en juego, como que «el Gobierno no consiga los dólares suficientes vía swap con China, YPF, provincias, para atender una buena parte del déficit de divisas del sector privado y los abultados vencimientos de la deuda pública, con lo cual la pérdida de reservas tendería a acelerarse», señala en un informe el Estudio Broda. Aquí juega a favor que el principal vencimiento de la deuda en dólares del año (el Boden 2015, que representa más del 50% de los vencimientos totales de 2015) cae recién en octubre.

FUENTE: AMBITO