Por Federico Sturzenegger (presidente del Banco Ciudad).- Cada día es más claro que, al menos en materia económica, el gobierno perdió totalmente el rumbo en los últimos años. Las medidas anunciadas ayer van a contramano de las supuestas medidas de pesificación de la economía que se tomaron para argumentar la creación del cepo cambiario y cuyo delirio llegara al extremo cuando el Diputado nacional Carlos Heller festejó la caída el mercado inmobiliario como un mal necesario para forzar la pesificación de las operaciones en este sector.

Ahora, en medio del mayor escándalo de lavado de dinero de la corrupción de la historia reciente, se anunció un nuevo blanqueo de dólares, que busca destinar los fondos hacia un instrumento de deuda pública en moneda extranjera para financiar inversiones energéticas y a un certificado de depósito en dólares, garantizado por el BCRA (con encaje en las reservas) y transferible, para aplicar a la compra de inmuebles.

La moratoria impositiva de 2009, que sirvió para que empresarios y amigos del poder limpiaran sus problemas con la AFIP, generó un blanqueo impositivo de unos USD 4.000 millones, en un contexto económico local mucho más favorable. Ahora, en una economía en franca decadencia, habría que esperar un monto inferior, que apenas alcanzaría para postergar la agónica dinámica de las reservas y los enormes problemas de financiamiento que hoy tiene la YPF estatal.

La idea del primer instrumento es «dinamizar» el sector inmobiliario y aumentar las reservas hasta tanto maduren las inversiones inmobiliarias. Esto le daría al gobierno un tiempo de «alquiler gratis» de reservas para sostener un dólar oficial cada día más atrasado.

A primera vista, los resultados serían escasos en términos de aceptación y contraproducentes en términos de la resolución de los problemas de fondo de la economía: déficit fiscal, emisión, inflación, atraso cambiario y brecha con el paralelo. Se trata de un conjunto de medidas pensadas para los que tienen dólares y no para los que tienen pesos que, si quieren blanquear, tendrán que comprar dólares en el paralelo. Eso está empujando el blue en las primeras horas que siguieron a los anuncios.

Son anuncios, a su vez, que para nada piensan en los millones de trabajadores argentinos que solo tienen el salario en pesos como ingreso y que todos los días ve su poder de compra erosionado por la inflación. 

Las medidas muestran que el gobierno insistirá en su estrategia de convivir e ignorar la inflación y atrasar el dólar oficial. Las consecuencias sobre la economía son las de siempre (ya las vivimos en la convertibilidad y en la tablita de la dictadura): hace dos años que prácticamente se dejó de crear empleo privado y todo el arco exportador está «para atrás». Sacando exportaciones de autos, a las que todavía tracciona Brasil, el resto de las exportaciones industriales está cayendo a un ritmo del 18% anual.

La pregunta es qué hacer para recuperar los niveles de competitividad. Acá se abren tres opciones. La primera y más lógica es recrear en Argentina un clima favorable para la inversión y el ahorro. Con mejor seguridad jurídica y libertad para trabajar y comerciar.

FUENTE: AMBITO