El BCRA acelera emisión de pesos para prestar al Tesoro

Mercedes Marcó del Pont
 
 

Las necesidades de recursos del Tesoro nacional están presionando en forma cada vez más intensa al Banco Central. Los adelantos transitorios de la autoridad monetaria aumentaron otros $ 10.750 millones en agosto, con lo que el stock de préstamos al Gobierno llegó a un nuevo máximo de $ 90.000 millones.

A cambio de estos préstamos, el BCRA recibe un pagaré del Gobierno, pero lo que sucede en la práctica es que los fondos nunca se devuelven, sino que son refinanciados. Esta práctica no sólo inunda al mercado de pesos para tapar el rojo de las cuentas públicas, sino que además deteriora el balance del Central, que ya tiene más bonos en su activo que reservas internacionales.

Los adelantos transitorios crecieron de una forma inusitada en el último año, desde que el Gobierno decidió echar mano en forma intensiva a estos recursos. En los últimos doce meses, la suba es del 95,6%, ya que el año pasado el nivel de adelantos al Gobierno se ubicaba en $ 46.000 millones.

Las perspectivas no son demasiado alentadoras. Según las estimaciones del sector privado, los préstamos del BCRA al Tesoro subirán hasta los $ 120.000 millones a fin de 2012 y continuarán creciendo el año próximo. Sucede que el deterioro de las cuentas del Gobierno va en ascenso y difícilmente esto vaya a cambiar en 2013, que además es un año de elecciones legislativas.

La expansión de pesos que está efectuando el BCRA por financiamiento al Tesoro no tiene ningún respaldo en activos «duros». Lo que sucede, por lo tanto, es que se incrementa la cantidad de moneda que circula en la economía, pero sin que se verifique un incremento en el stock de reservas en poder del Central. La entidad que preside Mercedes Marcó del Pont también emite moneda para comprar los dólares excedentes del comercio exterior, pero en agosto este proceso se redujo drásticamente, ya sólo compró poco más de u$s 400 millones (hubo menos ingreso de divisas porque pasó la «temporada alta» de la exportación de soja).

Esta muy fuerte emisión de pesos para financiar déficit genera dos peligros. El más claro es que podría desatar una mayor presión inflacionaria. No es casual, de hecho, que la inflación se ubique en niveles cercanos al 25% anual, cuando la economía prácticamente se encuentra estancada. La continuidad del proceso de creación de moneda sin respaldo le pone un piso alto a la inflación, que incluso podría acelerarse en el caso de una reactivación del consumo y de la actividad.

Presión

El otro problema es la presión que estos pesos excedentes pueden generar sobre el tipo de cambio. El dólar en el mercado paralelo lleva acumulada una suba del 35% en lo que va de 2012. Y la brecha en relación con el dólar oficial se aproxima al 37% ($ 6,37 versus $ 4,65). Pero en la medida en que se sigan volcando pesos al mercado, es probable que al menos parte de ese dinero excedente termine buscando protección en el «blue». El gran temor es que luego de las fiestas de fin de año se produzca otro salto cambiario, ante la demanda de dólares para las vacaciones y como activo de atesoramiento.

La gran emisión de pesos por parte del BCRA les está dando una mano a los bancos. De hecho, los plazos fijos están subiendo a ritmos altísimos, del 46% en términos interanuales. Sólo en los últimos treinta días (al 24 de agosto) el incremento de las colocaciones del sector pri-vado en los bancos creció $ 9.100 millones, equivalente al 6,1% mensual.

Claro que también es espectacular el aumento del dinero en poder del público, que según el propio BCRA está creciendo a un ritmo también récord del 39% anual. Este dinero se vuelca al consumo, presionando sobre los precios, o en algún momento también podría volcarse al dólar, si se produce una mayor pérdida de confianza en la moneda local.

Pero el Central tiene otra visión. Marcó del Pont considera que este incremento en la cantidad de pesos tiene su correlato en una mayor demanda del público y en el crecimiento de la productividad de la economía, por lo que no generará más inflación ni presiones cambiarias. Sólo el tiempo determinará si la titular del BCRA tiene o no razón.

FUENTE: AMBITO