Dólar, cepo, devaluación y de nuevo al principio

El gobierno tenía en 2011 dos caminos para poner remedio a los desajustes: o devaluaba, con impacto en la inflación, o ponía una restricción a la compra de dólares. Ajustaron por cantidad y no por precio. Y fue un error

 Dólar, cepo, devaluación y de nuevo al principio

Durante los últimos cuatro años de su mandato, el gobierno de Cristina Fernández intentó sin suerte mantener el precio del dólar (medido en pesos) estable, a pesar que el resto de los productos de la economía subía de precio, entre otras razones, por efecto de la fuerte emisión monetaria atenuado solo en parte por el crecimiento legítimo de la economía, el aumento de la oferta de bienes y servicios (producción). Es decir, se pensó erróneamente que dejando el tipo de cambio «congelado», podía controlarse la inflación o, en todo caso, no se iba a generar una suba adicional, ya que si algo es seguro, es que cuando se ajusta el tipo de cambio los productos importados o aquellos que tienen insumos importados aumentan rápido de valor. Incluso se volvió vox populi que «los precios de la economía subían por el ascensor mientras la cotización el dólar lo hacía por la escalera».

Si nos paramos imaginariamente allá por 2011, en el mapa económico, los días previos a la elección de octubre marcan lo que será la agenda de ese gobierno. La frase «hasta las elecciones no van a devaluar» sirvió como el detonante de una situación que se había agravado con la postergación. La chance de que se ajustara el tipo de cambio con una devaluación que buscara poner remedio al constante deterioro de la competitividad, terminó generando una fuerte demanda de la gente de dólares en ese octubre, lo que decantó una situación de control cambiario. La falta de dólares y, a la vez, la falta de actualización en el precio del dólar, terminó generando la certeza de que el gobierno iba a tener que hacer algo. Finalmente, al no poder contener las compras de dólares, se instauró el cepo. ¿Por qué se esperó tanto para modificar la cotización del dólar? La inflación tuvo, una vez más, la culpa. Porque si la tasa de inflación no hubiera sido tan elevada, es probable que el Gobierno hubiera podido o querido hacer algo antes. Pero precisamente el problema era que con un fuerte incremento del gasto público, una oferta rígida, una exacerbación de la demanda, y una emisión monetaria por encima de lo que necesitaba la economía, los precios terminaban ajustando hacia arriba con una frecuencia cada vez mayor. Una vez decretado el cepo, el error fue pensar que con las medidas restrictivas, los dólares iban a dejar de salir pero no iban a dejar de entrar. El segundo error fue éste: en una industria que durante la última década se adaptó a la globalización e incorporó muchos insumos importados, fueron muchos más los sectores perjudicados por el control masivo a las importaciones de sus insumos que los beneficiados por la desaparición de la competencia.

De fondo, se escondía por aquel entonces una elección polémica: la política económica del gobierno fue la de «inflar» o «inflacionar» los precios y, al mismo tiempo, atrasar el tipo de cambio, lo que irremediablemente apuntaba a mantener un tipo de cambio real alto sin variaciones. Así se pensó que era conveniente mantener salarios en dólares parecidos a los de India o China y que ello podía hacerse sosteniendo el dólar en niveles altos en comparación con los precios vigentes en el país.

En definitiva, la expansión fiscal sumada a la expansión monetaria, y el reacomodamiento de los precios locales a los internacionales le dieron un marco; pero a medida que el tipo de cambio nominal no buscaba su equilibrio, el desajuste se fue haciendo más relevante.

Si se lo piensa, el gobierno argentino tenía en 2011 dos caminos para poner remedio a fuertes desajustes: o devaluaba, con el impacto en los precios que eso iba a generar, o ponía una restricción a la compra de dólares. Va de nuevo: se ajustaba por precio o cantidad. La economía es generosa en ejemplos de este tipo. Cristina Fernández y Axel Kicillof eligieron en aquél entonces ajustar por cantidad y sólo dos años después, cuando se dieron cuenta que la elección anterior había sido desafortunada, se optó por ajustar el tipo de cambio con una gradual salida del cepo (habilitó el dólar ahorro). Así, elecciones de medio término y cambio de gabinete mediante, desde fines de 2013 pero, sobre todo, en los primeros meses de 2014, el tipo de cambio subió, finalmente, por el ascensor… El resto es historia conocida. La devaluación sirvió de poco porque la inflación se «consumió» el efecto devaluatorio en apenas algunos meses.

FUENTE CRONISTA